"Todo fue tan extraño desde el momento en el que la llanta del auto toco la calle de la cuidad, nadie nos volteaba a ver, ni porque llevábamos un montón de maletas sobre la parrilla del auto, a lo mejor pensaban que íbamos de paso por el pueblo, que no nos quedaríamos, pues ya no había tierras para construir mas casas, ni una casa pequeña cabía en ese pueblo, por eso mi padre compro una de las casas disponibles para arrentar, además era sumamente grande y tenia un precio muy bajo para todas sus estructuras refinadas y talladas.
No lose, todo fue muy extraño pues tan solo el hecho de estacionar el auto frente a nuestra nueva casa no les agrado a los moradores del pueblo, pues todos se detuvieron y observaron como mi padre colocaba las llaves en la cerradura de la casa y observaron con mas detenimiento como la puerta de mi nueva casa se abría lentamente haciendo un ruido como de chillidos.
Mi papá como siempre tan concentrado en su trabajo solo nos dejo allí y salió a “resolver un problema”. Mi madre y yo fuimos las encargadas de bajar todas las maletas y los cartones, la casa era grande si, pero simulaba ser muy antigua como que si hace millones de años la hubieran hecho y la hubieran abandonado de la nada, sin siquiera habitarla, pero quien haría eso, esa casa era hermosa, creo que a cualquiera le hubiera gustado vivir allí.
Al día siguiente comenzaba clases en una escuela del pueblo, era mi oportunidad para conocer nuevas personas y tener mas amigos, pues los de mi pasado ya me habían fallado lo suficiente como para seguirlos llamando “amigos”.
Vestía algo común, unos jeans negros, zapatos converse negros y un suéter del mismo color sumamente largo y ancho, todo esto acompañado de mi vieja mochila rota y sucia.
Al entrar todo parecía tan normal, pero eso duro muy poco, solo hasta que todo el colegio se entero de mi nombre.
La forma de demostrar miedo hacia mi familia y a mí, no era algo que me gustase mucho que digamos, creo que si me hubieran dicho de frente lo que mis grandes orejas escucharon y no a murmullos les hubiera creído y no me hubiera sentido tan desplazada mi primer día de clases.
Ese día término y muy simple como siempre, todo en casa parecía muy normal, mi papá obsesionado con su trabajo y mi mamá preocupada por arreglar las cosas de la mudanza.
Apenas llegue a casa subí corriendo a mi habitación, no tenía ánimo ni para cenar, peor para igualarle todas las clases que he faltado.
Me sentía algo triste, era mas que obvio que no tendría amigos allí tampoco, me recosté sobre las cobijas con el mp3 a mi lado y la canción de sonidos del mar que me hacia dormir profundamente, ese sonido que provocaba que mi madre entrase a mi cuarto para despertarme a sacudones.
Lo cual me sorprende, pues esa noche desperté de un sueño oscuro, algo extraño en verdad, al tan solo escuchar un grito en la cocina, me senté sobre mi cama y medite por unos minutos, era alrededor de la 1:00 am, el hecho de haber escuchado murmurar a mis nuevos compañeros de clase que mi casa está construida sobre un cementerio, obviamente me tenia aturdida.
Deje a un lado mi miedo absurdo y me aventure hacia la cocina para ver que sucedía, cada grada hacía un sonido como de madera vieja y rota, a pesar de estar totalmente intactas, al terminar la tortura de los sonidos espantosos que ocasionaban las gradas me dirigí hacia la cocina…. y nada, no encontré absolutamente nada.
Fue extraño, pero me tranquilizó.
Al volver a mi habitación, todo andaba bien, hasta que sentí entre mis pies algo peludo que corrió provocando inseguridad y un viento frío a mis pies descubiertos. Inmediatamente encendí la luz del corredor y tampoco encontré nada.
Corrí hacia mi habitación y me encerré en ella, encendí la luz y lo vi, parado sobre mi cama, observándome con sus ojazos verdes, y me hizo preguntarme:
-“¿Por qué esta un gato negro sobre mi cama, al estar la casa completamente asegurada?”.
Abrí la puerta y lo ahuyente, salió corriendo fuera de mi habitación y la verdad no me importaba si se quedaba caminando por toda la casa durante la noche, pues ya estaba muy asustada como para abrirle la puerta de calle para que saliera.
Me acosté bajo las cobijas y recordé todos los comentarios que mis compañeros de clase habían hecho desde el instante que supieron mi nombre.
“Pobre familia”, “No les queda mucho tiempo”, “Pronto pasara”, “Los muertos de ese cementerio detestan tener nuevos visitantes”, “¿Qué, nadie les avisó?”, “Y todo por tan solo deshacerse de la casa”.
Y muchas cosas más, pues 8 horas habían sido más que suficientes para hacerme a la idea de que la hermosa casa que ahora pertenecía a mi familia había sido construida sobre un cementerio y que a mi familia no le quedaba mucho tiempo en la misma, debido a que según mis interpretaciones, ya habían ocurrido “accidentes”.
No puedo negar que las cobijas ocasionaron un calor el cual provocaba quedarme metida allí por días y olvidarme del miedo, provocándome pesadez en mis párpados…
Otro ruido extraño me despertó a las 3:00 am, esta vez el ruido era en el baño al lado de mi habitación, sin dudarlo fui a investigar enseguida, al llegar encendí la luz y tan solo encontré una nota en el espejo del baño con una tonalidad rojiza, que preguntaba…
“¿Preparada?”
Corrí a la habitación de mis padres cual niña pequeña asustada con lágrimas en los ojos.
¡Mamá, Papá! -Grite
¿Qué sucede? -Preguntaron preocupados
¡Debemos irnos inmediatamente de aquí! –Dije muy asustada sin siguiera explicar.
Juntos se rieron y dijeron:
-Si son otros de tus jueguitos, mejor ve a dormir que son las 3:30 de la madrugada y necesitamos descansar.
No dejaron que les explicara absolutamente nada, se podría decir que me corrieron de su habitación.
Después de ello no puede dormir, estaba preocupada, inquieta, insegura, intranquila.
Me acerque a la ventana de mi habitación para intentar ver alguna estrella de la madrugada, pero el cielo estaba completamente nublado, al bajar la mirada hacia la calle vi una ancianita, algo extraña, ¿Qué podría hacer una señora de 70 años en medio de la calle a las 4:00 am?, me quede observándola, al cabo de un rato volteo, y por lo que alcance a leer en sus labios estoy segura de que digo:
“¡CORRE!”
Di un brinco y al voltear, lo vi de nuevo, vi a aquel gato que lleno de pelusas mis cobijas, viéndome fijamente, otra vez. Nos quedamos viendo alrededor de 10 minutos aproximadamente, fue entonces cuando su piel se erizo, y alguien grito en la habitación de mis padres, el grito fue tan fuerte que el gato huyó muy lejos.
Salí preocupada corriendo con dirección a la habitación de mis padres, estaba atravesando el corredor cuando mi nariz comenzó a sangrar y de la nada alguien rompió la puerta de la casa.
Mi corazón se paró, no pude dar ni un paso más, simplemente recuerdo mis ojos cerrándose al sentir mi cabeza golpear el suelo…
Mis ojos se abrieron por una fuerte luz de color blanca medio amarillenta, junto a mi tenía un reloj y pude observar la hora, muy borrosa pero la vi 3:00 pm. Y al frente del lugar en el que me hallaba acostada, observe la sombra muy borrosa de alguien. Muy extrañada, pregunte:
-¿Qué sucedió?
Al voltear aquella sombra borrosa, puede ver que era la misma viejecita de la madrugada. Y con una dulce y quebradiza voz respondió:
-Lo que siempre pasa, solo que esta vez se pudo salvar a alguien.
No lose, todo fue muy extraño pues tan solo el hecho de estacionar el auto frente a nuestra nueva casa no les agrado a los moradores del pueblo, pues todos se detuvieron y observaron como mi padre colocaba las llaves en la cerradura de la casa y observaron con mas detenimiento como la puerta de mi nueva casa se abría lentamente haciendo un ruido como de chillidos.
Mi papá como siempre tan concentrado en su trabajo solo nos dejo allí y salió a “resolver un problema”. Mi madre y yo fuimos las encargadas de bajar todas las maletas y los cartones, la casa era grande si, pero simulaba ser muy antigua como que si hace millones de años la hubieran hecho y la hubieran abandonado de la nada, sin siquiera habitarla, pero quien haría eso, esa casa era hermosa, creo que a cualquiera le hubiera gustado vivir allí.
Al día siguiente comenzaba clases en una escuela del pueblo, era mi oportunidad para conocer nuevas personas y tener mas amigos, pues los de mi pasado ya me habían fallado lo suficiente como para seguirlos llamando “amigos”.
Vestía algo común, unos jeans negros, zapatos converse negros y un suéter del mismo color sumamente largo y ancho, todo esto acompañado de mi vieja mochila rota y sucia.
Al entrar todo parecía tan normal, pero eso duro muy poco, solo hasta que todo el colegio se entero de mi nombre.
La forma de demostrar miedo hacia mi familia y a mí, no era algo que me gustase mucho que digamos, creo que si me hubieran dicho de frente lo que mis grandes orejas escucharon y no a murmullos les hubiera creído y no me hubiera sentido tan desplazada mi primer día de clases.
Ese día término y muy simple como siempre, todo en casa parecía muy normal, mi papá obsesionado con su trabajo y mi mamá preocupada por arreglar las cosas de la mudanza.
Apenas llegue a casa subí corriendo a mi habitación, no tenía ánimo ni para cenar, peor para igualarle todas las clases que he faltado.
Me sentía algo triste, era mas que obvio que no tendría amigos allí tampoco, me recosté sobre las cobijas con el mp3 a mi lado y la canción de sonidos del mar que me hacia dormir profundamente, ese sonido que provocaba que mi madre entrase a mi cuarto para despertarme a sacudones.
Lo cual me sorprende, pues esa noche desperté de un sueño oscuro, algo extraño en verdad, al tan solo escuchar un grito en la cocina, me senté sobre mi cama y medite por unos minutos, era alrededor de la 1:00 am, el hecho de haber escuchado murmurar a mis nuevos compañeros de clase que mi casa está construida sobre un cementerio, obviamente me tenia aturdida.
Deje a un lado mi miedo absurdo y me aventure hacia la cocina para ver que sucedía, cada grada hacía un sonido como de madera vieja y rota, a pesar de estar totalmente intactas, al terminar la tortura de los sonidos espantosos que ocasionaban las gradas me dirigí hacia la cocina…. y nada, no encontré absolutamente nada.
Fue extraño, pero me tranquilizó.
Al volver a mi habitación, todo andaba bien, hasta que sentí entre mis pies algo peludo que corrió provocando inseguridad y un viento frío a mis pies descubiertos. Inmediatamente encendí la luz del corredor y tampoco encontré nada.
Corrí hacia mi habitación y me encerré en ella, encendí la luz y lo vi, parado sobre mi cama, observándome con sus ojazos verdes, y me hizo preguntarme:
-“¿Por qué esta un gato negro sobre mi cama, al estar la casa completamente asegurada?”.
Abrí la puerta y lo ahuyente, salió corriendo fuera de mi habitación y la verdad no me importaba si se quedaba caminando por toda la casa durante la noche, pues ya estaba muy asustada como para abrirle la puerta de calle para que saliera.
Me acosté bajo las cobijas y recordé todos los comentarios que mis compañeros de clase habían hecho desde el instante que supieron mi nombre.
“Pobre familia”, “No les queda mucho tiempo”, “Pronto pasara”, “Los muertos de ese cementerio detestan tener nuevos visitantes”, “¿Qué, nadie les avisó?”, “Y todo por tan solo deshacerse de la casa”.
Y muchas cosas más, pues 8 horas habían sido más que suficientes para hacerme a la idea de que la hermosa casa que ahora pertenecía a mi familia había sido construida sobre un cementerio y que a mi familia no le quedaba mucho tiempo en la misma, debido a que según mis interpretaciones, ya habían ocurrido “accidentes”.
No puedo negar que las cobijas ocasionaron un calor el cual provocaba quedarme metida allí por días y olvidarme del miedo, provocándome pesadez en mis párpados…
Otro ruido extraño me despertó a las 3:00 am, esta vez el ruido era en el baño al lado de mi habitación, sin dudarlo fui a investigar enseguida, al llegar encendí la luz y tan solo encontré una nota en el espejo del baño con una tonalidad rojiza, que preguntaba…
“¿Preparada?”
Corrí a la habitación de mis padres cual niña pequeña asustada con lágrimas en los ojos.
¡Mamá, Papá! -Grite
¿Qué sucede? -Preguntaron preocupados
¡Debemos irnos inmediatamente de aquí! –Dije muy asustada sin siguiera explicar.
Juntos se rieron y dijeron:
-Si son otros de tus jueguitos, mejor ve a dormir que son las 3:30 de la madrugada y necesitamos descansar.
No dejaron que les explicara absolutamente nada, se podría decir que me corrieron de su habitación.
Después de ello no puede dormir, estaba preocupada, inquieta, insegura, intranquila.
Me acerque a la ventana de mi habitación para intentar ver alguna estrella de la madrugada, pero el cielo estaba completamente nublado, al bajar la mirada hacia la calle vi una ancianita, algo extraña, ¿Qué podría hacer una señora de 70 años en medio de la calle a las 4:00 am?, me quede observándola, al cabo de un rato volteo, y por lo que alcance a leer en sus labios estoy segura de que digo:
“¡CORRE!”
Di un brinco y al voltear, lo vi de nuevo, vi a aquel gato que lleno de pelusas mis cobijas, viéndome fijamente, otra vez. Nos quedamos viendo alrededor de 10 minutos aproximadamente, fue entonces cuando su piel se erizo, y alguien grito en la habitación de mis padres, el grito fue tan fuerte que el gato huyó muy lejos.
Salí preocupada corriendo con dirección a la habitación de mis padres, estaba atravesando el corredor cuando mi nariz comenzó a sangrar y de la nada alguien rompió la puerta de la casa.
Mi corazón se paró, no pude dar ni un paso más, simplemente recuerdo mis ojos cerrándose al sentir mi cabeza golpear el suelo…
Mis ojos se abrieron por una fuerte luz de color blanca medio amarillenta, junto a mi tenía un reloj y pude observar la hora, muy borrosa pero la vi 3:00 pm. Y al frente del lugar en el que me hallaba acostada, observe la sombra muy borrosa de alguien. Muy extrañada, pregunte:
-¿Qué sucedió?
Al voltear aquella sombra borrosa, puede ver que era la misma viejecita de la madrugada. Y con una dulce y quebradiza voz respondió:
-Lo que siempre pasa, solo que esta vez se pudo salvar a alguien.
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