CARAMELOS
¿No es triste cómo en estos días ni siquiera puedes darle un caramelo a un niño sin captar miradas acusadoras, como si fueras un pedófilo? Pues, decidí que no le daría importancia a sus miradas, la satisfacción de saber que acabo de alegrarle el día a un niño vale la pena.
A veces, los padres sonríen y le piden al niño que me agradezca. Pero la mayoría de las veces me dicen "No, gracias", me regresan el caramelo y se alejan con su hijo. Ante esto, les contesto: "Me lo comeré primero", y procedo a comer uno para demostrarles que no hay nada que temer. Algunos padres se disculpan y aceptan el regalo, mientras que otros siguen su camino.
Hoy le ofrecí un caramelo a un niño de cuatro o cinco años. Su madre me ordenó con voz indiferente "Aléjate de mi hijo". Como era habitual me comí el caramelo enfrente a ella.
Unos segundos después, a medida de que el veneno se esparcía por mi cuerpo, me di cuenta que había olvidado tomar el antídoto por la mañana
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